Sabes a sal

Ya me había preguntado cómo sería tu ausencia.

Algunos días me descubría con la mirada fija en el horizonte viéndote partir.
Y entonces, sentía como los ojos se me calentaban (no sé si te has dado cuenta, pero los ojos se calientan cuando están a punto de llorar).
Pero sacudía la cabeza y la tranquilidad me volvía a secuestrar.
Pero un día, esa imagen no se fue, permaneció en el horizonte como un ocaso que se resiste a la oscuridad.
Entonces mis ojos pasaron del calor desesperante al más tranquilo susurro de la humedad, hasta el salado sabor de las lágrimas colándoseme por las comisuras de los labios.
El horizonte se nubló, como se nubla el corazón cuando presiente.
Y así, sin reconocer tu punto cardinal, caminé hacía ti, hacía donde supuse estabas.
Te encontré.
Quieto... distante.
Y sólo entonces supe qué es tu ausencia:

Calor en los ojos...

Sabor a sal en los labios...

El tiempo eterno...

Y un corazón que presiente, que esta vez la tranquilidad me ha dejado en paz.

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UNA ISLA.

Donde la locura es la única que sobrevive.
En ella, hay insomnio.
Hipótesis no acabadas.
Preguntas, respuestas.
Inútiles desasosiegos.
Ilusiones, quimeras.
Pero aquí se respira libertad.

Así que no dudes, deja tus comentarios.
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