Quiero

Quiero una casa con tejado de dos aguas, con bombillas que se prendan con los pies. Quiero amanecer descalza y poder ver sin tener que ponerme los lentes.

Quiero dormir temprano después de bañarme, sin que me duela la espalda ni el cuello. Quiero comer tortas de milánesa de pollo y de res hasta empacharme. Pedir en la tienda medio kilo de queso crema, cocinar enchiladas y luego sentarme a leer.

Quiero que el dinero me valga madre. Quiero meditar por horas, ir a otros mundos con sólo imaginarlo. Quiero paz.

Quiero que este mal humor se acabe y poner sonrisas contagiosas para todo. Quiero que lo cotidiano me apapache.

Quiero hacer de cada día algo extraordinario. El problema es que no sé bien cómo, aunque con pedir no se hace uno más pobre ¿verdad? Así que quiero...

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Tal vez...

Las imágenes llegan a ocupar los despoblados del corazón,
siembran sentimientos donde sólo hay aridez y, en segundos,
crecen plantas de hojas que se trenzan para formar símbolos.
Símbolos que te dicen lo que amas, lo que odias, lo que eres.  


El cine. ¿Cuánto tiempo llevó sin inquietarme con el cine? Meses, largos meses en que, por razones que aún no comprendo, me alejé de la idea de hacer una película.
Pero, hace unos días mi ímpetu de cineasta volvío. Regresó en el lugar justo, sentada en una butaca del cine viendo la más reciente película de Gerardo Naranjo, 'Miss Bala'.
Conforme me movía inquieta en el asiento, iba entendiendo que mi pulsión cinematógrafica no se ha ido nunca.
Poder nombrar en la mente un plano, observar de dónde proviene la luz, sentir a dónde va el guión, saber dónde está la cámara. Impresionante. Era cierto eso de que los que estudiamos cine, jamás volvemos a ver una película con la tranquilidad del espectador entretenido o sorprendido.
Tal vez ya llegó el momento, tal vez no, lo que sí sé es que últimamente me siento con la posibilidad de lograr todo lo que yo quiera. Eso, ya es un logro.

Tengo moretones

Moretón. Empujón. Todo lo que termine en ón, como cabrón.

La jornada fue larga. Pero, así es mi trabajo, a veces. Ni me quejó del intenso sol, porque llevaba mi sombrero. Estar parada no fue martirio porque llevaba zapatos bajos. ¿Comer? Comí una buena torta de milanesa de pollo, mis preferidas.

Lo desesperante fue ver el despliegue de injusticias. Era el cambio de gobernador en el Estado de México, específicamente en la ciudad donde nací, Toluca. Apenas hacia 15 días había estado en el mismo lugar, sólo que para el informe de gobierno. Fue lo mismo, en el Teatro Morelos. (Para mayores datos de los que no viven en esta ciudad, este teatro es el único de la ciudad que tiene dimensiones decentes, es usado lo mismo para actos políticos, que para entrega de diplomas de cierre de cursos, ahí, si no me equivoco, me entregaron mi certificado de secundaria, hace años).

El sonido de helicópteros fue constante aquella mañana del 15 de septiembre. Uno tras otro aterrizaron sobre la azotea del Palacio de Gobierno. Las camionetas de lujo manejadas por guaruras también llegaron en montón a mi ciudad. Parecía una película que duele porque es realidad que se asoma cuando el reflejo de nuestro rostro se mira nítido en los vidrios polarizados.

Debería ser ofensivo que tanta riqueza se ostente como algo cotidiano, cuando en ésta, como en otras ciudades, existen tantas personas que no tienen ni para llevar a sus hijos a la escuela. ¿Esto es la democracia? Yo creo que más bien, es un circo.

Cuando logré colarme al Teatro, (porque hasta con eso, así sin más cierran las puertas y lo que debería ser un acto público se vuelve una fiesta privada), vinieron los empujones y por ende los moretones, andar entre tanto político lastima, que gran métafora.

Así de mallugada debe estar la patria que de tanta indiferencia hasta celebra las desgracias, si no, ¿por qué seguimos echando cohetes por una independencia que ya ni nos mira?

Lo lograron...

Nadie se dio cuenta y nadie dijo nada. A final de cuentas la iglesia y sus delirios lograron quedarse con la Casa del Diezmo y el Ex Convento de San Juan Bautista, para ellos solitos.

Hace poco pase por ahí, se me hizo raro ver cerradas las puertas del que, hasta el mes de abril de este año, era el Centro Cultural El Diezmo.

Siempre vi cómo trabajaba incansablemente el Patronato al Rescate de Nuestro Patrimonio Cultural A. C. que desde hace siete años busca y encuentra donativos para restaurar el Ex Convento de San Juan Bautista, por eso no se me hizo coherente que el lugar estuviera cerrado, luego supe por qué.

En el mes de abril de este año una carta firmada por Francisco Javier Chavolla Ramos fue entregada al Patronato. En dos breves párrafos el Obispo de la Diócesis de Toluca mandó bendiciones a todo el equipo de la asociación civil y terminó de manera tajante con la posibilidad de que el Ex Convento se siguiera restaurado.

Exigió que el Patronato saliera de la Casa del Diezmo, donde ya se encontraban sus oficinas, funcionaba una galería y una pequeña tienda de artesanías de barro de Metepec, a pesar de que el 8 de septiembre del año pasado el mismo Obispo inauguró el sitio y dio su bendición al Patronato. Además, cerró toda posibilidad a que la asociación siguiera recuperando el recinto dañado por el tiempo, la lluvia, la vegetación y el mal uso que la iglesia da del lugar.

La decisión del Obispo deja trunca la rehabilitación del lugar y en grave riesgo los murales que quedaron trabajados a medias, lo que los hace más susceptibles a los cambios de clima, humedad y frío.

Al Patronato no le quedó más que abandonar el sitio. Ahora trabajan en una pequeña oficina en la Plaza Juárez que les prestó un ciudadano de Metepec, indignado por el trato que la iglesia les dio. En próximas fechas el Centro Cultural El Diezmo será reabierto en Los Portales de la ciudad típica, estén pendientes.

No estamos hablando de cualquier cosa, se trata de una decisión arbitraria y unilateral por parte de la iglesia, sobre un recinto que le pertenece a los habitantes de Metepec, a la sociedad entera. Pero, parece que a la iglesia su pasado y el de su pueblo le importa tan poco. Están más preocupados por seguir manteniendo el control económico y social.

El Ex Convento es un inmueble del siglo XVI que fue ocupado por los franciscanos, uno de los más importantes de la época. Se trata de un sitio con un alto valor histórico ya que conserva el testimonio de un pasado que no conocimos, pero que podemos por lo menos mirar en las pinturas murales que quedan. (Para mayores detalles pueden visitar la página del Patronato que sigue activa).

A grandes rasgos así fue la situación que a mi me da mucha tristeza e impotencia. Me consta cómo ha cambiado el Ex Convento gracias a la intervención del Patronato y me consta además la cerrazón de las autoridades eclesiásticas que no ven más allá de las limosnas y el pecado.

Es una lástima que algunos se hayan quedado sin la oportunidad de conocer cómo quedó restaurada la Casa del Diezmo, aunque podrían darse una vuelta ahora que vean abierto, a ver si los dejan entrar, siempre pueden aducir enfermedad, ya que ahí hay, o habrá dentista, psicólogo, entre otros 'especialistas' que atenderán a la comunidad, ya saben el servicio social de la iglesia.

Así se dan una idea de lo que está peleando la Diócesis. Ay, si Juárez viviera.

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La magia

Fue mágico, en cuanto tuve el micrófono prendido y me paré frente al público fui otra. Una experiencia tanto o más intensa que la de estar en una cabina de radio. Acá podía ver las reacciones de todos, oírlos, preguntarles cosas, brincar para llamar su atención, todo mi cuerpo moviéndose con un sólo objetivo: leerle un cuento a los niños.

Era mediodía, empecé con la historia de una jirafa gordita, un cuento de M. B. Brozon que es excelente para leerlo en público, me dejó improvisar, reírme, saborear la lectura. Otra experiencia, otra emoción. El corazón latía fuerte, pero ya no sentía, en cuanto comencé a decir las primeras líneas, me perdí, olvide el sol, el calor, la sed, solamente estaban los niños, las letras y yo. La magia.

Ensaye duro para poder contar ese cuento, como se debe. Leí tanto sobre lectura en voz alta: que si debo moverme, que si no, que si es actuado, que si sólo es contado, que no se fingen las voces, que los personajes tienen su propia esencia. En ningún lugar leí sobre la magia. Seguro nadie lo dice porque se trata de una sorpresa. Gracias.

Quiero volver a hacerlo, quiero volver a pararme en el escenario y contar historias, las de otros, las mías. Sentir ese nervio en mi cuerpo antes de empezar, el eco de mi propia voz navegando entre mi espalda y mi pecho, las miradas de los pequeños y mi sonrisa al decir fin. Vivir ese momento en el que soy otra, un personaje, que me regala su vida mágica. Después de este sábado, ya jamás seré la misma.

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