En guerra...

Fue casi al atardecer. La gente corría de un lado a otro, desconcertada. Todos tropezaban con sus hermanos de tierra, nacidos en el mismo sitio donde ahora eran totalmente desconocidos. Nuestra única familia era quien nos apretaba la mano. Nosotros corríamos también, procurábamos no soltarnos y apartarnos de aquel caos, pero era casi imposible. Eramos cuatro los que luchábamos contra la muchedumbre, éramos los únicos cuatro extraños en aquella tierra.
Era casi el atardecer, cuando las voces se confundían con los murmullos de tanques que asomaban su mirilla a lo lejos. Era casi el atardecer y el polvo que levantaban los pasos apresurados apenas nos dejaban ver a un metro. Y entonces entramos en un edificio, por fuera simplemente se veía cuadrado con unas ventanas empañadas con el vapor del miedo. Entramos y sentí como el calor apremiante me asfixiaba, nos soltamos, así que no había más que mantenernos juntos, cuerpo a cuerpo. Pero el miedo me hizo pensar que ahí dentro sería nuestro final.
Así que sin pensarlo salí, abandone a los míos, detrás de mí solamente uno de ellos salió, desconcertado por mi decisión y afuera mientras reconocía el olor a fuego e intentaba explicar mi intuición, lo vi. Vi como un enorme tanque café daba vuelta sobre sí y aventaba su cola de fierro sobre aquel edificio, sólo corrí, junto a otros, extraños para mí y mientras mis pasos torpes intentaban alejarme de aquel lugar voltee ligeramente la cabeza y volví a ver, vi como una de las paredes de aquel edificio se colapsaba sobre sí, supuse que no las volvería a ver a ninguna de las dos, supuse que el techo las había aplastado, que no volvería a mirar sus sonrisas.
Entonces las lágrimas me escurrieron por todos los poros, entonces supe que estaba sola, que sólo dos, de mi familia, en aquella extraña tierra, nos habíamos salvado de ese terrible encontronazo, pero que estaba sola porque aquel que me seguía ya no estaba, lo había perdido.
Entonces no me quedo más que seguir corriendo, salvandome de aquel ataque imprudente, de aquella guerra que no entendía y que nunca entenderé.
Estaba perdida, no conocía a nadie y nadie me conocía, entonces tratando de buscar el aliento que me faltaba me detuve un instante, y no tuve más remedio que mirar al horizonte, el único horizonte posible en aquella tierra invadida, en aquel lugar sitiado por el armamento y los enemigos.
Salía humo de aquel edificio y pensé en ellas, la virtud de su vida conmigo me cegaba el corazón y me eche a llorar de nuevo, intentaba contenerme pero la fuerza de la impotencia era más fuerte que mi vida misma.
De pronto un sonido extraño invadió mis oídos, los mismos que hasta ese momento estaban cegados por el estruendo de las balas. Era un sonido lejano, venido de un lugar ausente. Eran los pasos apresurados de cuatro personas, tres mujeres y un hombre que vi pasar junto a mí cargando enormes instrumentos musicales.
Eran sus armas, las únicas que conocían, vestían prendas vaporosas color dorado que el aire movía sigilosamente. Uno a uno se detuvieron frente a un muelle, que después de limpiarme las lágrimas, pude ver en todo su esplendor, era una pared larga de piedras superpuestas y después el mar.
Primero despacio, luego de prisa una a una las notas de aquellos instrumentos formaron una melodía que era tranquila incluso divertida, la melodía preferida de cada uno, porque cada uno la escuchaba diferente y yo como todos podía ver cómo se formaban las notas en el aire, como si se escribiera la música de la reconciliación.
Entonces, aparecieron más, muchas más personas que acompañaban a aquellos extraños músicos, estaban vestidas de blanco, hubiera pensado que eran ángeles si no les hubieran faltado las alas. Eran mujeres y hombres que con las letras que escribía la música en el aire armaban cartas en papeles blancos que tomaban de encima de cada instrumento y corrían a dejar, una a una, a cada sobreviviente.
"Ánimo", "Eres valiente", "Tu familia te extraña", "Esto terminara pronto", "Sonríe", "Todos estamos contigo", "Ella está bien", "Lo encontraras", "Sanaras", "Conseguirás ver el atardecer", "Dormirás entre seda", "Pronto acabara el hambre", "Dejaras de tener sed", "Treparas a un árbol", "Serás lo que siempre has querido ser", "Comerás una galleta", "Tendrás un perro", "Caminaras en el bosque" y muchas más frases de consuelo que se escribían rápidamente de acuerdo a lo que cada uno necesitaba.
Yo veía sorprendida tal sinfonía y entonces de entre aquel concierto, los vi venir hacia mí, mi familia de aquel tiempo, de aquella tierra, a él sólo una bala le había rozado el brazo izquierdo y a ellas sólo el polvo las cubría por completo, los tres caminaban hacia mí y corrí a abrazarlos, nunca vi mi carta, pero sabía lo que decía "volverán a estar juntos" y entonces, sólo entonces desperté.

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1 comentarios:

Anónimo dijo...

hay flakita iba a leer tu blog pero al ratito sin falta lo leo por ke creo ke esta chido y asi me das inspiracion para... tu sabes escribir yo mero mis propias cosas jojojo

te kiero un chingo wey eres mi inspiracion para acabar esta crucecita ke me avente encima jaja te kiero lic.

atte: chuchito

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Donde la locura es la única que sobrevive.
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