Guerrera que camina hacia la montaña...

Le pedí que callara, que guardara el veneno para días más fríos, pero no quiso.

Una a una dejo salir de su boca ardiente las frases que la consumían desde hacía varios años.

Una por una fueron desanidando el tremendo nudo de su garganta, cada una de sus armas fueron haciendo visible su profunda confusión, su inexplicable inquietud, su exquisita frustración, su inmensa contradicción.

Le pedí que callara, que su silencio sería más reconfortante en los días de la llegada de la puesta en marcha, pero no quiso.

Vocifero lo que consideraba su verdad, gritoneo por todo lo alto su desdicha y entonces no me quedo más que escuchar.

Pero nada recuerdo ahora, ni los puntos, ni las comas, nada, porque al salir de su boca de fuego las palabras se hacían cenizas.

No recuerdo nada, porque nada de lo que dijo me toco, porque su absurda realidad bruscamente se rompía en mil pedazos al inhalar el aire cálido de aquel abril.

Hoy no recuerdo, porque en ese preciso momento en que su enojo me confrontó yo me hallaba en lo alto de una montaña, percibiendo el aire frío que regala noches de paz y de duda.

Yo no estaba frente a ella porque estaba sentada sobre una roca mirando el horizonte pleno que se abría ante mis ojos, no era ni el tierno amanecer, ni el cursi atardecer, era simplemente un día de esos en que se decide salir del lodo y caminar mientras lo fangoso se desvanece en cada movimiento de cadera.

Yo camine hasta aquella montaña, la cual me dijo su nombre pero prefiero guardarlo en secreto, como en mis adentros guardo lo que tenía para responder a la ofensiva.

Y entonces solamente estoy orgullosa, de haber llegado a aquel lugar pacifico de tierra gris donde se levanta portentoso el sol y la luna toca delicadamente cada uno de los vórtices de terreno, donde se le da la bienvenida al viajero, donde se puede descansar para seguir con el trayecto.

Y entonces estoy en paz porque a pesar de que se me convoco a guerra, dije que no.

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UNA ISLA.

Donde la locura es la única que sobrevive.
En ella, hay insomnio.
Hipótesis no acabadas.
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Inútiles desasosiegos.
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Pero aquí se respira libertad.

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