Zapatillas

Este es un cuento que adapte de un guión de cineminuto

que también publique aquí, pero en algún momento

decidí que éste será el primer cuento de una serie

que llevará por nombre 'Postales',

debido a que son historias que se me ocurren

cuando veo algún personaje en mi ciudad

que me evoca una imagen poderosa.

A ver qué les parece la adaptación,

espero sus comentarios

y ustedes esperen el resto de los cuentos breves

que irán fluyendo poco a poco.


El sol comienza a caer entre los edificios tristes de aquella ciudad, sus últimos rayos se entrometen entre las ventanas, escondiéndose en recovecos familiares. Afuera, Aurora a sus nueve años comienza la tarea de todas las tardes

Sin tregua, uno a uno, comienza a guardar los pares de zapatos viejos que están sobre un camellón cualquiera.

De un jalón, arranca del poste del semáforo la cartulina que publicita su negocio: “Se venden zapatos viejos de niños”.

Del otro lado de la acera, Laura con 11 años la mira fijamente. Aurora siente su presencia, le responde la mirada sonriendo.

Laura cruza la calle con el porte que sólo tienen las niñas que acaban de realizar la primera comunión con un Dios que apenas conocen.

El vestido blanco se le atora entre los pies, pero eso no contiene su prisa, su agitación.

-¿Los has vendido?, le pregunta Laura.

Aurora agacha la mirada, se ve los zapatos de charol nuevos, brillosos, que desentonan con sus pantalones desgastados y su playera sucia y rota.

-Sólo me los puse un ratito, dice preocupada Aurora.

-Ahh¡¡ No importa, responde Laura, de hecho, vine a decirte que yo no los quiero.

-¿Y tu mamá?, pregunta asustada Aurora

-Ni cuenta se ha dado, dice con naturalidad Laura.

-Pero tengo que regresarlos.

Laura, deja de mirarla, se levanta un poco el vestido, agacha la cabeza y mira con tristeza los zapatos viejos que lleva, zapatos prestados.

-¿Cuánto cuestan?, pregunta Laura.

-20 pesos.

-Sólo tengo 15, dice Laura.

Aurora, declinando la oferta se sienta en la banqueta del camellón y comienza rápidamente a desabrocharse los zapatos de charol, mientras niega con la cabeza.

-18, agrega con urgencia Laura.

Pero, Aurora, como dictando sentencia termina de zafarse el zapato derecho. Mientras Laura, despacio, vuelve a mirarse los zapatos desgastados que sabe le acomodan a la perfección, mira de reojo a Aurora e intempestivamente se echa a correr.

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UNA ISLA.

Donde la locura es la única que sobrevive.
En ella, hay insomnio.
Hipótesis no acabadas.
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Inútiles desasosiegos.
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Pero aquí se respira libertad.

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